martes, 20 de diciembre de 2011

¿Dónde está la navidad?

Las tardes se hacen grises, el viento frío arrastra hojas por las calles
y salen de paseo los abrigos, las bufandas, las casacas y los guantes.
En fin, llega el invierno, y con él las luces, las ganas de dar a los amigos un detalle,
las copas para brindar con el mejor vino y desear paz, amor y días felices.

Así, pues, se acerca navidad, se siente, se observa y se respira.
En las ciudades, edificios, empresas, plazas y avenidas
surgen luces parpadeantes, grandes pinos, nacimientos, juguetes divertidos
y muchas cosas lindas que se compran en diciembre
y en enero se guardan, se olvidan o se rompen.

Pero en una casa humilde de paredes ocres  
este año no llegaron las luces ni los colores,
no hay árbol ni esferas que le adornen
y un pequeño, tomando la mano a su papá
le pregunta con tristeza - ¿dónde está la navidad?
Papá ¿dónde está la navidad? No tenemos árbol
ni piñata, ni regalos ¿no tenemos navidad?-
Paciente, el padre lo mira y le contesta.
La navidad, hijito, tú la tienes, está contigo.
No se trata sólo de adornar la casa y hacer fiesta.
La navidad, pequeño, la llevas en los ojos cuando miras algo hermoso,
la tienes en la voz cuando saludas a un amigo,
y cuando acaricias a tu madre la llevas en las manos.
No necesitas decorar un arbolito con esferas
porque adornas nuestra vida con tu risa cuando juegas.
La navidad, hijito, la llevas dentro, tú la creas.
No está en las campanas ni en los regalos ni en las cenas.
Está en el amor que nos regalas, en la felicidad
que nos das a manos llenas, en tu rostro, en tus palabras,
y en la paz que nos contagias cuando duermes.

- Por eso te digo, hijo, que está aquí-
Dijo el padre tomando la manita con ternura, la apretó contra su pecho y luego
en el pecho del pequeño con firmeza.
-Está en tu corazón, déjala ahí, que nunca muera.

Y juntos, padre e hijo, junto a su puerta vieron llegar la navidad.
La más hermosa de todas, la más brillante, la más sincera.




domingo, 4 de diciembre de 2011

Desde niño

Yo siempre he cantado, desde niño,
a pesar de todo y de todos siempre he cantado.
Pero nunca había sentido qué se siente
sentir que te gusta como canto.
Desde que era niño he escrito, de todo, bueno y malo
y mis letras las leyeron todos, buenos y malos.
Pero jamás supe lo que era saber que supieras que te escribo.
Desde joven, desde muy joven he amado
como aman los que aman sin esperar amor a cambio
y fui amado como son amados los que aman el amor,
como los que aman aquello que no amaron.
Pero nunca supe lo que era amar siendo tu amado,
amándote sabiendo que me amaste
como aman los que amaron sin decirlo.
Te preguntarás a donde va todo este verso,
es muy simple …
Amo sentir que sientes que me amas cuando canto y
que sientes lo que siento cuando escribo
y que me sientes cuando siento que me amas
así, bueno y malo desde niño.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Qué


Qué triste encontrarse sólo frente una sombra.
Qué solo encontrarse triste frente a uno mismo.
Qué encuentro tan solo, tan triste y sombrío
cuando de todo lo que era para ti
sólo soy el que está parado enfrente tuyo.

Qué duro verse desnudo y tiritando.
Qué frío es estar de nuevo solo.
Qué solo es estar detrás de ti y no te des cuenta
que piso cada paso que tu has dado,
que te sigo en silencio cuando duermes
y que sigo esperando que me esperes.

Qué necio es el que cree que no está solo
cuando sus cantos los contesta siempre el eco.
 Qué triste es saber que no soy nada
cuando una vez fui yo para ti, como soy, como era, como fui:
entero, desnudo, completo, sin recelo.

Qué frío hace hoy. Qué sola está la noche. Qué triste.

Qué triste


No quiero espacios ventilados, frescos,
puros y relucientes.
No necesito aromas fascinantes, ni sabores nuevos
ni rincones limpios.
Soy simple. Me conformo con una mano que apretar
cuando algo duele, cuando estoy frío,
cuando la muerte viene a recordarme que estoy vivo.
Prefiero por sobre todas las cosas una mirada tierna,
no una de aprobación ni una de admiración. No.
Prefiero una de esas miradas suaves, de cariño, de consuelo.
No me importa si llueve o si graniza
o  si hay tierra volando en torno nuestro.
No quiero saber si las hormigas se comerán
la última migaja que queda del almuerzo.
No soy inquisidor que cuestione donde se gastó
el último peso del último pago del último salario.
Prefiero en vez de eso, saber que no estoy solo, que te tengo.
Puedes dejar mi ropa, mis platos, mi cama y mis recuerdos.
Puedes tomarte el día, el mes el año entero.
Prefiero tenerte mía diez minutos, cinco, dos … no me importa.
No quiero nada, te quiero a ti solo a ti.
Que pena que no lo sabes, que estás ocupada, que la ropa está mojada,
que la tierra viene con el viento, que la casa se cae si no la levantas día con día.
Qué lástima que estoy solo, que no lo sabes, que todos los días
me quedo esperando tu mano en mi mano.
Qué mal que la casa te demanda, que sin ti nada funciona,
que te espera fiel la mugre y la basura, los platos, las camisas.
Que mal que estoy solo y triste
mientras la casa, tu amante fiel, te roba el alma.

jueves, 1 de septiembre de 2011

DOMINGO (más tarde)


Varias horas y muchos minutos,
que mientras escribo se van haciendo menos,
per tú aquí sigues, para decir que no te olvide,
y yo no te olvido; es más, te observo,
desesperada. Reclamando que tu impresora ya no sirve,
que tus papeles se extraviaron,
o que tu segundo apellido no te gusta.

¿Te has dado cuenta que te observo
aún cuando no estas presente?

Te veo, te recreo, te repito y ,
en  los momentos  de mas sublimación,
hasta te toco y conozco tu piel,
suave y desbocada, te hago el amor
sin que lo notes, sin sospecharlo apenas,
sin advertir  que te hice mía con la mirada
desde el primer día en el primer instante.

En fin, te observo cuando no estas presente y eres mía.
Y mientras escribo, las horas y los minutos se hacen menos
para empezar de nuevo a recrdarte.

DOMINGO


Hoy , precisamente hoy, me he  puesto a pensar en ti.
No ayer, ni antier.  Hoy.
Hoy que recuerdo y pienso en todas las cosas
que no nos hemos dicho, aún  cuando nos vemos a diario.

Y justo ahora que no te vi,               
te veo sentada , ausente, distantemente presente
y cumplida, diligente como las tardes
que nunca llegan tarde, si no en el momento preciso.

Hoy que no te he visto.
Y solo un día antes de verte de nuevo,
he soñado con tu piel clara, llena del calor fresco
que llevan en el cuerpo las muchachas de menos de veinte años.

Te he visto tantas veces, que (aún) me pregunto
Cuántas son demasiadas y cuántas pocas
para no dejar de verte.

Menos de un minuto de distancia
hace desmayar mi anhelo de probar tu cuerpo
y cubrirlo de recuerdos, poco a poco
y hacerlo inolvidable.

Tal vez mañana al verte, me desborde por fin
y corra a besarte como se besan los amantes
que apenas se conocen;
y tú dirás tal vez que ya me conociste
y me invites a tu cama por un rato
y durmamos como duermen  los amantes
que se conocen de largos años;
para después recorrer, como siempre,
ese  sordo minuto que hasta hoy me separa de tus labios