sábado, 17 de septiembre de 2011

Qué


Qué triste encontrarse sólo frente una sombra.
Qué solo encontrarse triste frente a uno mismo.
Qué encuentro tan solo, tan triste y sombrío
cuando de todo lo que era para ti
sólo soy el que está parado enfrente tuyo.

Qué duro verse desnudo y tiritando.
Qué frío es estar de nuevo solo.
Qué solo es estar detrás de ti y no te des cuenta
que piso cada paso que tu has dado,
que te sigo en silencio cuando duermes
y que sigo esperando que me esperes.

Qué necio es el que cree que no está solo
cuando sus cantos los contesta siempre el eco.
 Qué triste es saber que no soy nada
cuando una vez fui yo para ti, como soy, como era, como fui:
entero, desnudo, completo, sin recelo.

Qué frío hace hoy. Qué sola está la noche. Qué triste.

Qué triste


No quiero espacios ventilados, frescos,
puros y relucientes.
No necesito aromas fascinantes, ni sabores nuevos
ni rincones limpios.
Soy simple. Me conformo con una mano que apretar
cuando algo duele, cuando estoy frío,
cuando la muerte viene a recordarme que estoy vivo.
Prefiero por sobre todas las cosas una mirada tierna,
no una de aprobación ni una de admiración. No.
Prefiero una de esas miradas suaves, de cariño, de consuelo.
No me importa si llueve o si graniza
o  si hay tierra volando en torno nuestro.
No quiero saber si las hormigas se comerán
la última migaja que queda del almuerzo.
No soy inquisidor que cuestione donde se gastó
el último peso del último pago del último salario.
Prefiero en vez de eso, saber que no estoy solo, que te tengo.
Puedes dejar mi ropa, mis platos, mi cama y mis recuerdos.
Puedes tomarte el día, el mes el año entero.
Prefiero tenerte mía diez minutos, cinco, dos … no me importa.
No quiero nada, te quiero a ti solo a ti.
Que pena que no lo sabes, que estás ocupada, que la ropa está mojada,
que la tierra viene con el viento, que la casa se cae si no la levantas día con día.
Qué lástima que estoy solo, que no lo sabes, que todos los días
me quedo esperando tu mano en mi mano.
Qué mal que la casa te demanda, que sin ti nada funciona,
que te espera fiel la mugre y la basura, los platos, las camisas.
Que mal que estoy solo y triste
mientras la casa, tu amante fiel, te roba el alma.

jueves, 1 de septiembre de 2011

DOMINGO (más tarde)


Varias horas y muchos minutos,
que mientras escribo se van haciendo menos,
per tú aquí sigues, para decir que no te olvide,
y yo no te olvido; es más, te observo,
desesperada. Reclamando que tu impresora ya no sirve,
que tus papeles se extraviaron,
o que tu segundo apellido no te gusta.

¿Te has dado cuenta que te observo
aún cuando no estas presente?

Te veo, te recreo, te repito y ,
en  los momentos  de mas sublimación,
hasta te toco y conozco tu piel,
suave y desbocada, te hago el amor
sin que lo notes, sin sospecharlo apenas,
sin advertir  que te hice mía con la mirada
desde el primer día en el primer instante.

En fin, te observo cuando no estas presente y eres mía.
Y mientras escribo, las horas y los minutos se hacen menos
para empezar de nuevo a recrdarte.

DOMINGO


Hoy , precisamente hoy, me he  puesto a pensar en ti.
No ayer, ni antier.  Hoy.
Hoy que recuerdo y pienso en todas las cosas
que no nos hemos dicho, aún  cuando nos vemos a diario.

Y justo ahora que no te vi,               
te veo sentada , ausente, distantemente presente
y cumplida, diligente como las tardes
que nunca llegan tarde, si no en el momento preciso.

Hoy que no te he visto.
Y solo un día antes de verte de nuevo,
he soñado con tu piel clara, llena del calor fresco
que llevan en el cuerpo las muchachas de menos de veinte años.

Te he visto tantas veces, que (aún) me pregunto
Cuántas son demasiadas y cuántas pocas
para no dejar de verte.

Menos de un minuto de distancia
hace desmayar mi anhelo de probar tu cuerpo
y cubrirlo de recuerdos, poco a poco
y hacerlo inolvidable.

Tal vez mañana al verte, me desborde por fin
y corra a besarte como se besan los amantes
que apenas se conocen;
y tú dirás tal vez que ya me conociste
y me invites a tu cama por un rato
y durmamos como duermen  los amantes
que se conocen de largos años;
para después recorrer, como siempre,
ese  sordo minuto que hasta hoy me separa de tus labios

NO TE IMPORTA


Quise conocerte una vez y no lo hice,
quise encontrar en tu mirada un espacio breve,
claro, lleno de la luz blanca que despides
por entre tus sonrisas. Y después de tantos
cortos e interminables días he encontrado
en ti solo un gran hueco, lleno de luz clara.
Encontré un espacio ocupado, lleno de recuerdos,
harto de momentos que no compartirás conmigo
ni con nadie que se parezca a mi en lo mas mínimo.

No he podido entrar en tus recuerdos como alguien,
más bien diría que como un cuando, un donde,
un nunca, una eterna negación en tu memoria,
en tu cuerpo y en tu mirada un leve rastro del enojo
que  te movió a buscarme entre tus días.

No sé cuantos días pasaron desde entonces,
no sé cuantas veces tuve que negarme
a buscarte y cuantas veces lo hice sin poder jamás encontrarte.

Ahora ya no te busco, ya no me importa saber que no fui nadie,
que mi tiempo no valió más de lo que valen las horas en un  reloj ajeno,
que mis palabras no llegaron más allá que mis manos,
que nunca podrás imaginarte aquello que pusiste en mi pecho
y que ahora me oprime por las noches cuando duermo.

No importa, después de todo qué podría importarte.

LA CRUEL BELLEZA



Hoy te he visto grandiosa, magnífica. Imponente.

Hoy tu figura sobresale del paisaje cotidianamente absurdo
de las paredes que, inexorables, nos contienen por tantas
ya tantas horas, todas las semanas, todos los meses.

Hoy te he visto caminar como flotando, como un soplo.

Hoy tu sonrisa tiene un particular tono de espejismo.

Perfecta en la crueldad de dejarte ver tan bella,
como  si estas blancas hojas y estas negras letras
tuvieran tanto espacio para llevar dentro de ellas
la pesada carga de saber que te iras como llegaste,
imperturbable, avasalladora, deslumbrante.

Mi eterna pregunta seguirá en el aire, flotando como tu
en un halo de silencio frío, haciendo cada vez más pálida
de tantas noches que ha pasado sin poder ser respondida.

Y tú que te apareces tan hermosamente cruel para no decirme nada,
para dejar que mis ojos vaguen en silencio por tu cuerpo
como buscando el momento exacto para detenerse, pero no pueden,
ya no pueden y tiene que ir de un lado a otro, como en juego,
de tu rostro a la pared, de tu talle al piso y de tus piernas a cualquier otro lado.

Me has hecho presa de las ganas de tocarte,
pero la ternura ya no creo que alcance para tanto,
la has ido desgastando poco a poco, cada noche, cada mañana,
con el animo incesante de la espera, con la palabra certera que no has dicho.

Y aún después de todo sigo caminando sobre tus pasos,
y busco entre las sombras que moran mis espacios un trocito de tu aroma
que haya olvidado irse contigo la última noche que no faltaste;
busco entre mis memoria algún pedazo de recuerdo que pueda
convertirse en tu imagen de por vida, que no duela,
que sepa a ti antes y después de todo, pero que no seas tú ahora.

Y tú tan cruel orillándome al olvido, tan hermosa, tan inmensa.