viernes, 19 de julio de 2013

Me preguntas si te quiero

De vez en vez me preguntas si te quiero,
entonces el aire alrededor mío hace una pausa,
se hace el silencio y miro tus ojos,
los mismos ojos que me recuerdan las noches estrelladas.
No cabe más ruido, más murmullo ni más silencio que el mío;
porque pienso en ese instante cuánto te quiero.

Algunas veces me das la mano tiernamente y me preguntas cuánto te quiero.
Justo en ese instante un rayo de luz sale de mí y se proyecta al infinito
en busca de un dato, de una cifra, de una medida.
Mientras tanto mi mano se aferra a la tuya como ancla ¿lo has notado?
Es para no salir flotando, para no perderme en el espacio
mientras busco el dato exacto para decirte cuántos mundos,
cuántas estrellas, cuántas galaxias representan cuánto te quiero.

Algunas veces me quedo solo, en silencio, en las noches o a media tarde
y pienso, con la vista perdida, por qué te quiero.
Y la respuesta viene a mí, sencilla y completa, grande y elocuente. Simple y llana.
Te amo porque me miras con alegría y me cubres de flores,
porque me cobijas como bosque en la tiniebla,
porque pones sobre mi tus manos curativas,
te amo porque me das el elixir secreto de tu aroma y me bañas con agua de río,
porque dejas sobre mí el aroma suave del musgo en las mañanas
y en mi pelo una fina capa de rocío.
Te amo cuando eres tú, cuando soy yo. Así de sencillo.




sábado, 16 de febrero de 2013

Acerca de los ángeles

Mucha gente se pregunta acerca de los ángeles;
que si existen, que si son alados, que si son etéreos…
Personalmente creo que si alguien desea saber más sobre ángeles
debería preguntarle a Josué Canales. Él los ha visto. Él los conoce.

Él se vio solo y triste, perdido, perdidamente solo, solitariamente triste,
y entonces los vio, primero a uno. Se le acercó y el ángel lo confortó.
Le dijo “no estés solo, ven conmigo” y le dio de comer y de beber,
lo cobijó en sus brazos, le dio vino y agua, le hizo el amor. Lo amó.
Después apareció otro ángel y le dijo “ven conmigo”
y le dio comida, le dio un techo, lo vistió, e hizo de su casa un hogar.
Lo amó y le hizo el amor.
Desde entonces ambos ángeles le dan calor y sustento, le dan cobijo en las tormentas,
danzan a su alrededor y cantan. Lo han llevado a conocer sus angelicales cenáculos
y en las noches de silencio convierten el agua en vino.

Por eso estoy convencido que si alguien desea, necesita saber acerca de ángeles
debe preguntar a Josué Canales, porque él los ha visto. Él los conoce.










Una mujer

Hoy me pidieron que escribiera lo que pienso de una mujer que conozco, una que admiro y respeto, una que adoro, una que amo, una que es flor y árbol al mismo tiempo que es río y lago, que es mar y playa.
¿Qué decir? Diré, por ejemplo, que la encontré como se encuentra una piedra preciosa en medio del bosque. La vi brillar, me acerqué, la observé, me deslumbró y me quedé absorto.
Podría decir también que al paso de los días, las semanas y los meses la fui conociendo y adentrándome cada día un poco más en su persona, en sus pensamientos, en sus palabras y ella se fue acomodando en los míos. Sus labios, sus manos, su piel he ido conociendo mientras su voz, su ternura y su cariño me han cubierto cuando la duda o el temor me han acechado.
Puedo agregar que esa mujer, dura y noble como la madera, suave como brisa, fuerte como ráfaga; me ha cobijado, me ha consolado, me ha enseñado y me ha escuchado. Se ha convertido en ángel guardián en mis momentos de más miedo, ha estado ahí para ahuyentar los soplos fríos y las dudas negras. La he visto junto a mí al despertar de un sueño incierto lleno de dolor y me apoyé en ella.  Me sostuvo, me curó, me cuidó y me cobijo desde entonces.
Pero esa mujer no es etérea como un ángel, no es inerte como una gema ni es inmóvil como un bosque. Es como un ave… un ave hermosa, que impone a la vista pero tan liviana como para sostenerse sobre el viento, majestuosa.
Es una mujer  de carne y hueso. Que puede ser avasalladora e impulsiva pero tierna y cariñosa, frágil y llena de ternura. Qué da todo por los que ama, se entrega sin reserva y siempre tiene una mano extendida para ayudar a los suyos. Es una mujer viva, grande, vasta, suave y protectora. Es como el té caliente en las noches más frías y como el aire fresco en los días más sofocantes.
La he visto reír, llorar y bailar. La he escuchado cantar, gritar y maldecir. La he tenido cerca muy cerca, he escuchado su corazón y ella el mío en noches calladas. He conocido su espacio y ella ha estado en el mío, he sentido su cuerpo desnudo y ella ha hecho lecho del mío.
Como pueden ver es muy difícil decir lo que pienso de esa mujer. Porque al tratar de hacerlo vienen imágenes, sonidos, olores, texturas que me invaden y desorientan. Porque en cada letra se me cruza un recuerdo, una palabra, una noche, un día, una caricia, un grito o una mordida. Porque en cada línea van días, horas, semanas, meses y años de sentirla, de saberla.
Por eso es tan difícil decirlo aquí sólo con palabras, sólo por eso.