lunes, 15 de agosto de 2011

Gato


Cuando era niño escuché
que la curiosidad mató al gato
y nunca quise ser gato.

Nunca gato, nunca.
hasta conocer  el misterio
de ser gato entre tus piernas
y gato al fin me hallé muerto
a varios pasos de distancia
de tu último paso.

Un gato muerto, muerto involuntario.

Desde entonces, entre sueños,
vago por los rincones obscuros
entre la incógnita y el hecho.
Muerto como gato desde entonces.
Muerto...de curiosidad.

El ángel de espaldas



Algunas personas afirman
que los ángeles no tienen espalda.

Que afirmación tan más estúpida,
después de todo, quien diga tal cosa
seguramente nunca ha visto, ni de lejos,
un solo ángel, seguramente los imagina
alados, resplandecientes, asexuales, antropomorfos
o más bien con cierto aire de aves, por eso de las alas.

Lo cierto es que los ángeles no sólo tienen espalda,
sino ojos, boca, un aliento cercano al vacío,
tienen la piel siempre cercana a quien los ve,
es más, una vez que se ha visto uno, nunca más
se dejará de verlos.

Sí, son inevitables, aveces, pero solo en ciertos casos
resultan un poco molestos, porque los pobres mortales
no soportamos la presencia tan exquisita de esos seres
y nos sentimos asfixiados, como desesperados, como solos,
como si de pronto quisiéramos, comernos el mundo pero
sin saber como y eso si que es molesto...

De cualquier manera yo me atrevo a desmentir
a todos esos ignorantes que, sin mayor razón que la suposición,
afirman que los ángeles carecen de espalda... que tontos...

Yo he dormido junto a uno que no hizo más que darme la espalda,
sin mirarme, sin decir nada y cuando por fin volvió su rostro
y pude ver que se trataba de un ser tal, agradecí que en esos momentos
estuviera dormido y no me dijera gran cosa, de lo contrario habría
quedado extasiado de por vida, con la mirada perdida, vagando,
sin esperanza alguna de volver a encontrar tal frenesí para mis sentidos...

Para mi fortuna, mi ángel es un ángel distraído, medio ausente y aveces
me ignora del todo, gracias a eso aún puedo describirlo...

Pero he pensado seriamente en lo venturoso de mi encuentro
con el ángel de espaldas, y aún no estoy seguro de si fue del todo malo
o demasiado bueno... aún vivo con los pies en la tierra, pero parte de mi
se ha quedado esperando ver al ángel completo, despierto, atento,
pendiente de lo que hago o digo, interesado, preocupado o hasta,
¿por qué no? enamorado de mi o de mis cosas...

Cuántos ángeles habré de ver hasta que muera... no lo se, pero
si alguna ves vuelvo a ver al mismo ángel  de espaldas,
junto a mi, no lo dejaré dormir...