jueves, 1 de septiembre de 2011

DOMINGO


Hoy , precisamente hoy, me he  puesto a pensar en ti.
No ayer, ni antier.  Hoy.
Hoy que recuerdo y pienso en todas las cosas
que no nos hemos dicho, aún  cuando nos vemos a diario.

Y justo ahora que no te vi,               
te veo sentada , ausente, distantemente presente
y cumplida, diligente como las tardes
que nunca llegan tarde, si no en el momento preciso.

Hoy que no te he visto.
Y solo un día antes de verte de nuevo,
he soñado con tu piel clara, llena del calor fresco
que llevan en el cuerpo las muchachas de menos de veinte años.

Te he visto tantas veces, que (aún) me pregunto
Cuántas son demasiadas y cuántas pocas
para no dejar de verte.

Menos de un minuto de distancia
hace desmayar mi anhelo de probar tu cuerpo
y cubrirlo de recuerdos, poco a poco
y hacerlo inolvidable.

Tal vez mañana al verte, me desborde por fin
y corra a besarte como se besan los amantes
que apenas se conocen;
y tú dirás tal vez que ya me conociste
y me invites a tu cama por un rato
y durmamos como duermen  los amantes
que se conocen de largos años;
para después recorrer, como siempre,
ese  sordo minuto que hasta hoy me separa de tus labios

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