martes, 15 de marzo de 2011

Como siempre

A la sombra del sol, en pleno día, al calor de la ciudad fría,
la mañana de una tarde, un verano de algún año,
llegaste de nuevo y me abrazaste, sentí tu piel, tu pelo y tu mirada;
y fuimos de nuevo aquello que no fuimos.

Fui tuyo como siempre lo fui, como nunca pude serlo.
me tomaste en tus brazos, me abrigaste, alejaste los miedos.
me rendí sin esperanza a tu deseo, a tu hechizo, a tu cuerpo.
Rompí mis cadenas para dejarte salir del cautiverio,
para sacarte por fin de mis recuerdos tristes,
de las noches solas, de las camas frías.

Soñé por un momento en tu cuerpo
sin estar dormido ni despierto,
con los ojos abiertos, soñando pero atento a cada paso tuyo.
Te vi, me viste. Te busqué y te encontré, nos encontramos.
Desnudos, vírgenes, como dos niños.
Perversos y sedientos, ansiosos, expresivos,
felices por fin, tristes por siempre.
Oi tu grito ahogado, mitigado por mi fuego.
Sentí tu cuerpo entero, el más puro, bello y anhelado.
Te di a beber de la sed que llevo en el recuerdo,
yo bebí de ti y fuiste calor, sueño, casa y sustento.
Todo en un segundo, todo en un te quiero.
Todo breve, todo eterno.
Eterno, como duran los suspiros, como tarda en regresar el aliento,
como tardaron mis labios en recorrer tus senos antes de
ser tuyo, de entregarme, de salir para siempre del recuerdo
y empezar a ser yo como soy para ti, de carne y hueso,
completo, como me enseñaste a ser, como soy ahora,
como soy sin ti pero contigo, como debí de ser siempre,
como nunca fuimos, como siempre he sido.

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