martes, 22 de marzo de 2011

Ya pasó

En fin, ya pasó.
Como habían dicho mis astros de las noches más oscuras.
Se derrumbó mi castillo de naipes marcados,
de palitos de paleta, de ojos abiertos y sueños cerrados.
Sin decir una palabra me pediste cordialmente que descienda
así, lento, sin prisas ni tropiezos, del pedestal que me alquilaste.
Pero en fin ya pasó.

Regreso ahora a mi barranco a buscar raíces,
regreso a la humedad agreste de las noches sucias
donde reino yo, donde no habita nadie, donde no hay musa.
Voy de vuelta a mis dominios, de bebidas negras, de aire turbio.
Pero sin pena, porque, en fin, ya pasó.

Tomo las tardes y las mañanas que te presté;
me las llevo de vuelta todas
incluso esas cuando me ignoraste,
cuando fuiste bella en mis pupilas y acaricié tu cara,
aquellas donde el sudor, la prisa y la ternura
hicieron de la tarde un día y de la noche un siglo.

Me llevo mis despojos conmigo, me pertenecen.
Me vuelvo a casa cojeando y dolorido sin mirar al frente.
Me voy sabiendo que por un rato fui grande, especial y único
feliz de haberlo sido aunque no haya sido cierto ni un segundo.
Lo bueno, después de todo, es que ya pasó.

Pasó como pasa la sequía, como la epidemia,
como pasa la angustia, como pasan los días sin viento,
como pasa la lluvia en el desierto,
como los trenes en la noche,
como la vida en los entierros,
como pasa el dolor, como pasa el sexo,
como el amor en el exilio, como el sudor, como el invierno.
como mi olor en tu cama, como tu cuerpo,
como llegar sin aliento, como tu olor en mis dedos,
como tu grito, como el silencio, como el no más, como el te quiero.
En fín, después de todo ya pasó.

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