martes, 22 de marzo de 2011

Los buhos de la noche

Luego de caer el sol y de la música
me encontré contigo en la penumbra radiante
donde las soledades se acompañan
y después de un verso al oído, musitado, apenas murmurado,
me hallé envuelto de tu ser en un abrazo.
En un carruaje tirado por caballos muertos
huyendo del reloj de las estrellas, sentí tu aliento,
tus manos, tu cuerpo tibio y la luz se hizo de nuevo entre mis manos.
Y, en un segundo, como una chispa de olvido en nuestros ojos,
tus labios y los míos se hicieron fuego, rompiendo el sosiego en mil pedazos,
probando una gota de deseo de la copa sin fin de los arcanos.
Bebí. Bebimos embriagados para huir como ladrones,
Perseguidos luego de haber robado a la noche sus secretos.
Desde entonces vivo colgado de un suspiro,
arrancando a la noche tus abrazos,
cálidos fuertes y emotivos,
teniendo sólo cual testigo a los búhos solitarios del recuerdo.

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