martes, 22 de marzo de 2011

Venganza

Lo lograste, desataste los demonios,
incendiaste la noche, me llevaste a tu cueva.
Alevosamente hiciste brasas de mi carne,
rompiste el dique, elevaste la marea.
Me inyectaste tu veneno y me hice fiera.
Encendiste el hambre, saltaste la cerca.
Sin respeto alguno me tocaste
y ahora el deseo de tu cuerpo me rodea.
Busco tus ojos entreabiertos, tu aliento, tu impaciencia.
Espero convertir tus suspiros en grito
y tu cuerpo en mi trinchera.
Quiero refugiarme entre tus piernas,
beber tu noche, apagar tu hoguera.
Me diste a probar tus caricias pendencieras,
y ahora quiero arrancar tu ropa, oprimir tu pecho,
darte mi esencia, llenar tu espacio, morder tu espera.
Anda pues dame tu vino, muerde mi carne, chupa mi sangre,
abre las puertas, invítame a ser siempre tu vampiro
y déjame entrar en tus noches sin estrellas.
Quiero sentir lo tibio de tu vientre y morder tu cuello,
hacer que regreses de tu ausencia,
inundarte del calor que me despiertas.
Después de todo eres culpable
por abrir la reja de mis monstruos,
alevosa, insensata, perversa.
Pero no cesaré hasta verte inerte, dormida y satisfecha.
Quiero verte así desnuda e indefensa.
Y no pienso claudicar hasta que pagues
con tu cuerpo tu insolencia.

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