martes, 15 de marzo de 2011

Estás aquí

Finalmente estás aquí, de nuevo siento tus pasos
y busco tu aliento entre las sobras,
tu imagen me persigue como hizo tanto tiempo
y en las tardes frías, busco tu mano junto a la mía
para caminar juntos como dos novios,
como dos buenos amigos, como dos, simplemente dos.

Llegaste otra vez luego de que la noche me arrancara
tu figura, la hiciera pedazos y la escondiera
detrás de las lágrimas que lloré cuando dejé tu casa la última vez.
Se fueron tus ojos con delineador azul, se fue tu pelo de niña suave,
se fueron tus manos empeñadas en pelear con mi camisa.
En fin, te fuiste de mí, sin saberlo. Me fui de ti sabiéndolo tú.

En un segundo los minutos se hicieron décadas,
a unos metros, la distancia se hizo años
y en un silencio, mis labios se olvidaron de decir Te quiero
a fuerza de no habértelo dicho nunca.
Nunca te lo dije, nunca lo escuché. Nunca se hizo siempre y así nos perdimos.

Te soñé tanto que dejé de soñar para no verte.
Te lloré tanto que dejé de llorar tu ausencia pero más tu presencia.
Te deseé tanto que dejé de sentir tus manos en mis noches
y dejé de correr tras de ti en mis sueños más reales.

Caminé mucho, de día, de noche y por las tardes
con la esperanza de verte alguna vez,
con la esperanza de sentir tu perfume y seguirlo hasta ti
para acercarme por detrás a oler tu pelo, tomar tu hombros
y decirte no me importa nada ni nadie, ven conmigo.

Y ahora estas ahí, donde no estabas, donde no estuve, donde no estamos.
Regresaste, te encontré, nos encontramos.
Te encontré sabiendo que no me buscabas, sin saber dónde yo estaba
y sin saber donde estaremos.

Finalmente estás aquí. Te encontré, nos encontramos
Y el miedo me recorre el cuerpo, me quema y me atormenta
diciendo que esta vez estás aquí y estoy despierto.

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