martes, 15 de marzo de 2011

Mía

Hoy me levanté de la cama con una sensación extraña, muy extraña.
Esa sensación de extrañarte profundamente y tenerte cerca,
sentir en sueños que estás a mi lado, que te puedo tocar
con sólo estirar mis brazos y, sin embargo, sentir sólo el vacío al hacerlo.

No te puedo extrañar porque estás conmigo, aquí,
detrás de mi hombro izquierdo, como una visión, como un fantasma.
Me sigues donde quiera que voy, me aconsejas, me regañas,
me das palmadas cuando algo he hecho bien.
Sin embargo siempre que volteo a mirar tus ojos ya te has ido.
Estás junto a mi en todo momento pero jamás te puedo ver,
eres intangible, etérea, sin embargo tu piel ha estado tan cerca de mí
que su textura se volvió parte de mis yemas y siento tu tacto en todas partes,
tu cuerpo desnudo quemó mis retinas y ahora veo tu silueta donde quiera que miro
no importa si es la calle, el horizonte o mi propio reflejo.
Estás ahí, inmensa mujer de senos como canciones,
Hermosa aparición de caderas generosas, de manos grandes, de piernas suaves.
Te esperé tanto tiempo y aún así no eres como creía, no eres lo que pensaba,
no eres la niña de cuerpo incierto y sombra tenue.
Eres la mujer enorme, de paso firme, de ojos tiernos y voz fuerte, de risa clara, de espalda suave.
Eres la noche a pleno sol, eres el silencio a gritos con mi nombre bordado,
eres grande, suave, rica, fuerte y al mismo tiempo mariposa, brisa y sueño.
Eres la pasión que no sabía, eres la canción que escuchaba. Eres tú, imensa y admirable.
Eres así y te reclamo por el tiempo en lejanía. Eres yo, eres tú, eres mía.

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